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La contribución juniperiana a la ´mallorquinidad´ de California

El académico Román Piña reflexiona sobre el papel del carácter y cualidades isleñas sobre el estado del Pacífico

 

S. Sansó. Petra DM

"La Mallorca ancestral y la Nueva California coinciden y se hermanan de tal manera que cuando los mallorquines pisamos dicho suelo experimentamos un reencuentro, un volverte a sentir como en tu propia casa a pesar de que miles de kilómetros nos separen". Es una de las reflexiones que el doctor Román Piña refleja en su último estudio sobre el poso isleño de Josep Miquel Serra Ferrer, aquel joven de Petra que pasaría a la historia bajo el nombre de Fray Junípero Serra, y que presentará como conferencia este próximo miércoles 27 de febrero a las 20 horas en el salón de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos de Palma. Un acto organizado dentro de un ciclo dedicado al 300 aniversario del nacimiento del franciscano.

La mallorquinidad en la obra misionera de Serra queda plasmada en distintos rasgos propios del campo isleño: "En primer lugar se constata su pragmatismo, íntimamente unido al seny, la mesura o el sentido común. Serra, en un principio podría parecernos un loco o un iluminado de mucho cuidado, pero era un hombre extremadamente reflexivo, que mide cada uno de sus actos, sin descuidar ninguno de ellos en el más mínimo de sus detalles".

 

Piña rememora como ejemplo un fatigoso viaje de cien días desde el puerto de Cádiz al de Veracruz. "Los viajeros sufrían la desesperante penuria de agua potable, de modo que las raciones para cada uno no pasaban del cuarto de litro diario, Junípero parece no sentirse afectado. Su tranquilidad al respecto, asombra a sus compañeros y cuando éstos, acuciados por la curiosidad, le preguntan cuál es su secreto, él les contesta tranquilamente: He observado que el mejor modo de ahorrar saliva –de no tener sed– es comer poco y hablar aún menos. Y es que Junípero podía ser un hombre de oración, que lo era, de profunda vida interior, pero al mismo tiempo era humilde y realista, como para no andar fiando en milagrerías, sino en los recursos de la inteligencia que este mismo Dios le había otorgado".

 

Frente al teórico que contempla las empresas que diseña, desde el despacho oficial, Junípero aparece como el organizador concienzudo, que conoce perfectamente los pormenores del terreno que pisa. "Por esto se le hará caso y en función de su equilibrado consejo, se reestructurarán proyectos", cambiando incluso los planes más metódicos de virreyes.

Junípero, pese a evangelizar y enseñar a los indígenas a rezar en lengua castellana, empieza a aprender frases en los idiomas nativos para que entiendan lo que pronuncian. "Para alcanzar esta tan delicada transformación, el campesino que sigue siendo Junípero enseñará ´mediterraneidad´ a aquellas gentes nómadas y cazadoras, o sea, amorosa y pacientemente, a criar el ganado, a aprovechar racionalmente los recursos de la tierra, a construir viviendas permanentes cerca de los huertos y sembrados, a tejer la ropa que cubrirá sus cuerpos y a condimentar los alimentos hasta entonces digeridos en crudo. Con ello, transmitiéndoles el legado de su civilización, estaría dando el primer paso para su evangelización".

También es conciliador y sabe como evitar enfrentamientos entre los propios frailes que dependen de él. Intenta conseguirlo agrupando a los diversos misioneros según sus lugares de procedencia. "Cosa que podría haber parecido innecesaria e incluso contraproducente para mentalidades como la castellana, abierta a la uniformidad, pero en la mediterránea de Junípero, sensible a los matices, resultaba de elemental sentido común".

Raciocinio y sensibilidad
Pero en Serra también hay otras cualidades más allá del realismo práctico: "Efectivamente, todas las expresivas formas rituales de la liturgia católica, sin olvidar el colorido y perfume de las flores en los altares, el olor y la magia del incienso o la suave armonía de los cantos –extremos que chocan con la seca ritualidad de los templos luteranos de corte germánico– nutren las cuidadas celebraciones de los franciscanos en tierras californianas, que Junípero considera parte de su catequesis, consciente de la facilidad con que podrán entrar en el alma de los indígenas, a través de sus sentidos del oído, la vista y el olfato, mucho más desarrollados que su razón, en absoluto familiarizada con alambicados razonamientos teológicos".

"La empresa de California, la última gran operación de conquista y civilización hispánica, no se hizo del todo mal; se hizo con seny, tenacidad y con el proverbial espíritu práctico de nuestras gentes", realza Román Piña.